Cuentos cortos de payasos

Cuentos cortos de payasos

La oportunidad que Wilberto estaba esperando al fin había llegado. Durante mucho tiempo se preparó en una escuela profesional de payasos, para poder hacer reír a los niños en convivios infantiles privados.

Ese día el bufón había llegado al salón de fiestas, poco antes de media hora de que empezara la celebración. Gradualmente los invitados fueron llegando, mientras él se ponía su colorido atuendo en el baño.

Comenzó leyendo varios cuentos cortos. Sin embargo, repentinamente cambió la dinámica con el propósito de que no solamente los infantes disfrutarán del espectáculo, sino que también los mayores se animaran al ver su acto. Por eso se le ocurrió llamar a varios de los asistentes al escenario.

Súbitamente quedó hipnotizado al ver a una hermosa joven que estaba sentada en la segunda fila. Velozmente el payaso hizo una serie de señas a fin de invitarla a subir a la tarima, a lo que la muchacha no tuvo ninguna objeción.

Wilberto se enamoró al instante, sobre todo porque la chica tampoco le quitaba la mirada de encima. El payaso concluyó su rutina y la gente rió a carcajadas.

En lo que llegaba la hora de partir el pastel, él aprovechó para acercarse a la mesa en donde estaba la muchacha. Se puso detrás de ella y le habló suavemente para que no se sobresaltara. Sin embargo, ella no le hizo caso y siguió disfrutando su bebida.

De pronto, otro de los invitados se le acercó y le dijo:

– Marina no puede oírte, es sordomuda.

– Wilberto quedó anonadado al escuchar esa noticia, pues no se había percatado de ello, dado que la chica se había estado riendo. No obstante, al poco tiempo comprendió que tanto para reír como para amar, no son necesarias las palabras.

Tomó uno de los globos con los que hacía figuras y le entregó una flor, acompañada de una nota que decía.

– ¿Quisieras tomar un café conmigo algún día?

A lo que ella respondió al reverso de la tarjeta.

– Sí.