Historia de terror El ojo de vidrio hueco

Historia de terror El ojo de vidrio hueco

Cuando era joven me gustaba ir a una cantina que se encontraba a unas pocas cuadras de mi casa. El dueño del establecimiento era un señor regordete y bajito a quien todos llamaban don Melquiades.

Me fascinaban las historias de terror que me platicaba aquel sujeto, mientras preparaba los tragos de los parroquianos. Se sabía muchas historias de hombres lobo y de momias.

Una tarde mientras estaba dándole pequeños sorbos a mi cerveza le pregunté:

– Oiga, don Melquiades, usted nunca me ha dicho porque tiene un ojo de vidrio.

– Lo que pasa es que mi ojo derecho lo perdí en la guerra y para no tener que utilizar un parche, decidí mandarme a hacer una prótesis.

– ¡Vaya! Entonces usted antes de ser cantinero, participó de manera activa como soldado ¿no es así?

– Te equivocas. Este negocio ya lo tenía antes de que el ejército llamara a las reservas. Pese a lo que me pasó, no me arrepiento de haber servido valientemente a mi país, precisamente para que personas jóvenes como tú vivan en una tierra libre.

– Si no es mucha molestia don Melquiades, me gustaría hacerle otra pregunta con respecto a su ojo. Le dije

– Pregunta lo que quieras chico.

– ¿Porque la pupila es de otro color que el de su ojo natural y que es esa sustancia acuosa que se mueve en su interior?

– Te felicito. Eres muy observador. En primer lugar, debo decirte que mi abuelo tenía los ojos azules y siempre quise tenerlos de esa tonalidad. Ahora, dando respuesta a tu segundo cuestionamiento, espero nunca tener que utilizar ese líquido.

Luego hablamos de otros temas y me olvidé por completo del asunto. No obstante, meses después, observe como don Melquiades se enfrentó con un cliente que portaba una escopeta. El cantinero se arrancó su ojo y se lo arrojó al agresor directamente al rostro. La prótesis se rompió en mil pedazos liberando un potente ácido que no sólo hizo que la cara del hombre se desfigurada, sino que inclusive le carcomió el cerebro.